logo CELACEn primer lugar, quisiera agradecer a usted, Presidente, y al gobierno de Costa Rica, por su profundo compromiso con las agendas latinoamericanas y caribeñas impulsadas durante el año 2014, desde la Presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac.  Y también por la gran hospitalidad que caracteriza a este pueblo, a este gobierno y a usted, con la que nos han acogido.

En estos años, este joven bloque ha profundizado la unidad, la integración política, económica, social y cultural.  Ha logrado generar consensos y convertir a la cooperación en un espacio de encuentro para hacer más grande y más justa a nuestra América Latina y el Caribe.

Y es por eso que este tipo de iniciativas colectivas son una contribución muy importante al momento de abordar desafíos complejos, articulando esfuerzos y compartiendo buenas prácticas. O si lo decimos de otra manera, como nos convoca esta Celac, construyendo junto.

Nuestros países tienen numerosos desafíos, pero hay uno que debe seguir siendo prioritario, es un deber ético y nuestra primera responsabilidad política, erradicar la pobreza, el hambre y reducir las enormes desigualdades que son claros obstáculos del progreso social  y humano de nuestras naciones.

En un trabajo sostenido, hemos logrado obtener resultados que nos motivan a seguir persistiendo. De acuerdo a como hemos escuchado y conocido, el panorama social de América Latina 2014 de la Cepal, entre los años 2002 y 2013, la caída de la pobreza ha sido de casi 16 puntos porcentuales, y es un gran avance que millones de ciudadanos hayan podido optar a formas de vida más dignas y que cuenten con mejores condiciones para participar en el progreso de sus respectivas sociedades.

Muchos de nuestros países también han cumplido antes de lo previsto las metas del desarrollo del Milenio, en cuanto a superar la extrema pobreza y la forma más dura de la exclusión.

Sin embargo, pese a esos avances, seguimos siendo una región con una tremenda desigualdad en el mundo, y la pobreza sigue siendo una triste realidad para millones de hombres, mujeres, niños, adultos en avanzada edad que viven con pobreza, exclusión y hambre.

El año 2013, aquí ha sido mencionado, el 28,1% de los habitantes de la región seguían atrapados en una situación de pobreza, pero 28,1% significa 167 millones de personas.  Y cuando hablamos de que 11,7% vivían en indigencia, estamos hablando de 71 millones de personas.

Hemos conocido en la región tasas de crecimiento altas y sostenidas, y quién podría desconocer los logros en las condiciones de vida nuestros países, las posibilidades de acceder a mejores viviendas, mejores ingresos familiares y una masificación de prácticas de consumo.

Pero con la misma claridad, quién puede desconocer que se han conservado o profundizado las brechas de la distribución del ingreso o en la calidad de los servicios recibidos en salud, educación o previsión.

Y si recordamos los datos que nos entrega Unesco el año 2012, 22,1 millones de niños y adolescentes en la región no están en la escuela o están en riesgo grave de abandonarla.

Acá también ha sido mencionado, la violencia, el crimen organizado siguen afectando la paz, el bienestar y el progreso de nuestras naciones.  Muchos hombres, mujeres de pueblos originarios, afrodescendientes, migrantes, personas viviendo con VIH-Sida, personas viviendo con discapacidad, siguen siendo excluidos de los avances de nuestras naciones.

Y como suele ocurrir, las desigualdades se amplifican si consideramos género, ruralidad u origen étnico.

Sabemos que una de cada tres mujeres, el 30,8%, no cuenta con ingresos propios en América Latina, y sabemos que los empleos son más precarios entre las mujeres y los jóvenes.  Pero también sabemos que la mujer puede ser un factor esencial para salir de la pobreza, que cuando la mujer tiene un ingreso, el 90% lo utiliza para la salud, la educación, la alimentación, la vivienda.

Son duras expresiones de las desigualdades que viven día a día nuestros compatriotas.  Y éstas son, en consecuencia, nuestras prioridades irrenunciables.

Pese a la desaceleración económica que afecta a muchos de nosotros, con tasas de crecimiento más lentas, debemos actuar con más fuerza para lograr sociedades más justas, más democráticas y más igualitarias.

También para asegurar que esta desaceleración económica no afecte a quienes habitualmente afecta, a los más vulnerables.

Debemos seguir sumando día a día voluntades y fuerzas democráticas para impulsar los cambios urgentes, poniendo en el centro de nuestras políticas, la inclusión, la inclusión en todas sus dimensiones.

Y en eso tenemos una tarea adicional.  Los esfuerzos por mayor inclusión social deben ir de la mano del perfeccionamiento de nuestros sistemas  democráticos.  Es decir, de un compromiso serio con la probidad, de la no tolerancia con la corrupción, un compromiso serio con la transparencia, con la rendición de cuentas, con la participación ciudadana efectiva, con la defensa y la promoción de los derechos humanos, un principio irrenunciable.

Debemos trabajar en conjunto para no desatender el nivel de corrupción política y administrativa presente en la región, lo que acrecienta nuestras desigualdades políticas y profundiza las crisis de legitimidad que sufren nuestras democracias.

El impacto de la corrupción para el crecimiento económico de las democracias, es negativo, es negativo porque hace evidente, por un lado, las falencias institucionales en el corto y largo plazo, afecta la inversión, el gasto público y la tributación, debilitando el marco regulatorio y distorsionando la toma de decisión política, afectando, en definitiva, el desarrollo sostenible.

Yo señalaba que en Chile estamos viviendo un proceso de desaceleración económica, pero en Chile hemos enfrentado, desde la recuperación de la democracia, con mucha fuerza el cómo logramos que sea un país más justo para todos.

Y hemos vivido distintos procesos para superarlo.

Luego de la recuperación de la democracia, con políticas sociales, trabajando persona a persona, combinando subsidios monetarios condicionados y acceso preferente a programas sociales de educación, salud y vivienda, entre otros.

Luego, en mi anterior Gobierno creamos el Sistema de Protección Social, a través de la profundización y ampliación de las políticas sociales, el aumento de la cobertura de la educación inicial para salas cuna, jardines  infantiles, aumento de garantías explícitas en Salud, aumento de montos y cobertura previsional para los sectores más vulnerables, especialmente  mujeres y aquellos con pensiones más escasas.

Y hoy, incluso en un contexto de desaceleración económica, abordamos, a través de reformas estructurales indispensables para avanzar en un desarrollo inclusivo e integral, en un marco de diálogo social, cauce institucional y democrático.

Y hemos logrado en 4 meses,  aprobar una reforma tributaria de 3% del Producto Interno Bruto, sabiendo que una reforma fiscal es esencial si queremos avanzar en una mejor distribución y más equitativa de los ingresos.  Y nos va permitir también enfrentar las tareas de educación, salud y pensión.

Una reforma a la  educación en que, en esta semana, el día lunes, hemos aprobado finalmente un primer proyecto, que en el centro tiene el cambiar el paradigma que existe hoy en Chile, y asegurar una educación de calidad como un derecho social y no un bien de consumo transado en el mercado.

Como un elemento, además, fundamental en la construcción  de ciudadanos críticos y comprometidos con su realidad.

Trabajando fuertemente para asegurar crecimiento económico, para transitar hacia una economía más innovadora, también más sustentable y más diversificada, con mayor vinculación entre el aumento de la productividad y el mundo de las ciencias, entre el individuo y el territorio, con mayores niveles de infraestructura y mayor conectividad.

Pero no es sólo crecimiento de la economía. Queremos generar más empleo, pero empleo digno y decente. Y por eso que estamos con una agenda de cambios laborales, que permita equilibrar la relación entre trabajadores y empleadores, con un programa de generación de empleo en aquellos sectores donde el desempleo es más alto, como las mujeres y los jóvenes, el Programa Más Capaz, donde estamos capacitando a 300 mil mujeres y 150 mil jóvenes.

Estamos también entendiendo que requerimos perfeccionar el mundo de lo político. Y es por eso que en estos meses de Gobierno hemos logrado aprobar el voto de los chilenos en el exterior y la reforma al sistema electoral, después de tantos años luchando por ello.

Y hoy mismo, permítanme compartir, porque en esta agenda legislativa intensa que hemos tenido, finalmente hemos logrado aprobar el Acuerdo de Unión Civil y el Ministerio de la Mujer, que también nos va a permitir tener y ampliar hacia una sociedad más inclusiva.

En el retiro de mañana podremos debatir y acordar sobre la agenda de desarrollo post-2015, la necesidad de un nuevo orden económico y financiero internacional, y cómo hacemos para que la voz de América Latina y el Caribe no sólo sea escuchada, sino sus intereses también nos permitan proyectar a la región y sus intereses en la comunidad internacional.

Y no voy a referirme ahora, por un problema de tiempo, a todos los aspectos que tocan e impactan a múltiples de  los países aquí presentes, y que han sido y van a estar contenidos en todas las declaraciones de esta Cumbre, y que nosotros apoyamos con gran entusiasmo.

Pero permítanme, tal vez dado el hito histórico que estamos viviendo, expresar nuestra gran satisfacción por el anuncio de la decisión de Estados Unidos y Cuba de reestablecer relaciones diplomáticas. Nos parece que hay un nuevo horizonte histórico en la región, que esperamos, sin duda, se profundice con el fin del bloqueo a Cuba, la normalización plena de sus relaciones bilaterales, tal como nos ha señalado aquí el Presidente Castro.

Amigas y amigos:

Los 33 Estados miembros presentes en esta Cumbre debemos impulsar con mayor decisión, políticas públicas que nos permitan mirar la pobreza como un fenómeno multidimensional, que incluya carencias y previsiones en distintos ámbitos y dimensiones de la vida, como lo son la educación, la salud, la vivienda o el empleo.

No podemos seguir mirándola tan sólo con un sesgo estadístico o numérico, lejos de las consecuencias tangibles sobre las vidas humanas que tienen rostros de mujeres o niños.

Creo que a través de la integración regional, con pleno respeto a nuestras respectivas identidades y singularidades, podemos apoyarnos para dar esta batalla sin frontera, continuando la línea que hemos desarrollado en Celac, en nuestras relaciones con la Unión Europea, Brics y China.

Porque tenemos la obligación de hacer más, creemos que no es solamente una cuestión de recursos o de focalización. Es reflexionar y actuar sobre las causas que perpetúan las desigualdades y que fracturan nuestro continente, y abordar integralmente una nueva manera de conseguir el desarrollo para que sea una realidad para todos, y no sólo para una minoría.

Debemos atender estos desafíos hoy y no mañana. Debemos iniciar ahora, con renovado ímpetu, el fin de las asimetrías de poderes económico, político y social, que causan un daño a nuestras sociedades, que también frenan nuestra competitividad y nuestra productividad, que amenazan la calidad de nuestra democracia, de manera que podamos efectivamente garantizar a nuestros pueblos el bienestar, la dignidad y el respeto que todos se merecen.

Muchas gracias, Presidente.

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